El Tolkien vasco

Sabino Arana, por ejemplo, no inventó una lengua. Sólo la adulteró. Pensemos tan solo en los neonombres, que tan disparatadamente han continuado desarrollando sus seguidores. Nunca nadie atacó, falseó, despreció y dañó tanto como él la aparentemente idolatrada identidad vasca. Arana es el Tolkien vasco puesto que la nación surgida de su fantasía tiene un nombre inventado, como muchas de sus localidades, y está simbolizada por una bandera absolutamente ajena a la historia. Una nación con un pasado inventado y con enemigos inventados. Con una guerra perpetua inventada, el famoso ‘conflicto’ que nunca se les cae de la boca y que ningún político español, con sorprendente ceguera, se ha preocupado de desmentir y denunciar. Un mundo poblado por personas que se llaman con nombres inventados y que hablan una lengua escrita con una ortografía nueva, abarrotada de neologismos que la hacen incomprensible para un verdadero vascohablante. Y lo sorprendente es que Arana y sus seguidores han conseguido que una parte muy importante de los vascos hayan tomado toda este inmenso fraude por real”

[Jesús Laínz, ensayista, en declaraciones a ABC]

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